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Mindfulness y las quejas

Identificar la queja negativa y aprender a quejarse de forma más saludable

  • 21
  • SEP

Cuando quejarse se convierte en un hábito.

La práctica del Mindfulness podrá ayudarte a evitar esta conducta tan negativa.

Quejarse puede parecer una forma inofensiva de aliviar el estrés, pero si lo haces con demasiada frecuencia puede inducir una actitud negativa que, a la larga, puede afectar tu salud física. Las quejas prolongadas nos hacen sentir ansiosos, irritables, indefensos y desesperanzados, y lo que es peor, el pensamiento negativo genera pensamientos aún más negativos. Esto aumenta el estrés y, según los estudios, el estrés crónico puede afectar negativamente al cerebro.

Quejarte puede hacer que te sientas bien durante unos pocos segundos porque estás descargando algo de dolor e incomodidad, pero ese comportamiento puede arruinar tu estado de ánimo durante el día y afectar tu capacidad de recuperación emocional a largo plazo. Cuando quejarse se convierte en un hábito y en una reacción predeterminada, puede influir en la forma en la que manejas ciertas situaciones e impedirte encontrar soluciones adecuadas a los retos y desafíos que afrontas.

Es normal sentirse frustrado o molesto cuando algo no está bien o no sale como queremos, y es la naturaleza humana querer quejarse por esos agravios. Pero hay una diferencia entre quejarse con un propósito y quejarse por el simple hecho de hacerlo.

Un estudio de 2014 publicado en The Journal of Social Psychology encontró que las personas que se quejaban con la esperanza de lograr un resultado en particular tendían a ser más felices que las que lo hacían solo por el simple hecho de hacerlo.

Es aquí cuando entra en juego Mindfulness. Según ese estudio, cuando somos más conscientes de cómo nuestros pensamientos y acciones afectan los resultados futuros, tendemos a actuar de manera más deliberada para encontrar la solución que queremos.

Las personas más felices y conscientes pueden ser mejores para modular sus quejas, eligiendo quejarse solo si sienten que marcará la diferencia. Por otro lado, las personas menos conscientes pueden quejarse con más frecuencia, pero con un efecto menor. El gran poder de Mindfulness, es que con su práctica prestamos atención a toda nuestra experiencia, tanto por dentro como por fuera. Podemos tomar como ejemplo cualquier actividad cotidiana que nos produzca incomodidad al hacerla.

Con la práctica de Mindfulness, es posible observarnos en el momento de realizarla y concentrarnos en nuestra respiración, frecuencia cardíaca, sensación de impaciencia, e incluso pensamientos como ‘Odio hacer esto, es una pérdida de tiempo' o '¿Por qué siempre me pasa esto?’. Si tomamos conciencia de nuestra experiencia en ese momento, podemos elegir cómo responder y decidir qué tipo de resultado queremos. Quejarnos nos impide aprender a manejar las emociones negativas y nos causa más estrés.

En cambio, mediante la práctica de Mindfulness podemos tomar el control de la experiencia sintonizándonos con nosotros mismos y comprendiendo cómo nos afectan nuestras emociones. Con el tiempo, la práctica de Mindfulness puede entrenar a tu cerebro para pensar de manera más positiva cada vez que algo no sale como tú quieres y guiarlo hacia la resolución de problemas en lugar de concentrarse en ellos.

Quejarse con el propósito de resolución de problemas tiene que ver con hacerlo solo cuando existe algo de lo que realmente vale la pena quejarse, y hacerlo con quejas orientadas a la solución. Esto implica lo siguiente:

- Tener un propósito claro. Antes de quejarte, identifica qué solución estás buscando. Si no puedes identificar un propósito, es muy probable que solo quieras quejarte por el mero hecho de quejarte, y ese es el tipo de queja que debes cortar de raíz.

- Empezar con algo positivo. Puede parecer contradictorio comenzar una queja con un cumplido, pero comenzar con algo positivo ayuda a evitar que la otra persona se ponga a la defensiva. Por ejemplo, antes de presentar una queja sobre un servicio al cliente deficiente, podría decir algo como "He sido cliente durante mucho tiempo y siempre me ha encantado su servicio ..."

- Ser específico. Cuando te quejas, no es un buen momento para sacar a la luz todas las molestias menores de los últimos 20 años. Simplemente aborda la situación actual y sé lo más específico posible. En lugar de decir: "Su empleado fue grosero conmigo", describe específicamente lo que hizo el empleado que le pareció grosero.

- Terminar en positivo. Si finalizas tu queja diciendo: "Nunca volveré a venir aquí", la persona que está escuchando no tiene ninguna motivación para actuar sobre tu queja. En ese caso, solo te estás desahogando o quejándote sin otro propósito que el de quejarte. En su lugar, reafirma tu propósito, así como tu esperanza de que se pueda encontrar la solución deseada, por ejemplo, "Me gustaría resolver esto para poder volver a disfrutar de sus extraordinarios servicios".

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